VOCACIÓN UNIVERSAL A LA SANTIDAD.

 Hermanos y hermanas en la fe, la beatificación de los Siervos de Dios, los mártires de San Joaquín y compañeros, que abarcan las diversas vocaciones en la Iglesia: sacerdotal, religiosa y laical, nos dan la oportunidad de pensar en nuestra vocación común a la santidad. Nuestra vocación es Dios, que nos llama en su Hijo Jesucristo a entrar en una comunión amistosa con EL, ya desde este mundo. Dice el concilio “Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse así mismo y manifestar el misterio de su voluntad (Cfr. Ef. 1,9) … por Cristo la palabra hecha carne y con el Espíritu Santo pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza Divina (Cfr. Ef. 2,18., 2 Pert. 1,4). En esta revelación Dios invisible (Cfr. Col. 1,15; 1 Tim. 1,17). Movido de amor, habla a los hombres como amigos (Crf. Ex. 33,11; Jn. 15,14-15), trata con ellos (Cfr. Bar. 3,38), para invitarlos y recibirlos en su compañía. La revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligada”. (16) Sí, este es el plan de Dios, y nuestra responsabilidad es alcanzar la perfección de la vida cristiana, por la plena unión con Cristo. (17) Un texto de San Pablo corrobora este mismo llamado a la Santidad: “¡Os exhorto, pues hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como una victima viva, santa, agradable a Dios; tal será vuestro culto espiritual. Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien trasformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto!”. (Rom. 12,1-2; 3,16-19; Cfr. también Ef. 1,3-10) Estos últimos textos tienen un gran contenido exegético que nos hace reafirmar nuestra conciencia en el llamado universal a la santidad, en la que al magisterio del Concilio Vaticano II insiste en el capitulo V, de la Lumen Gentium titulado: “Universal Vocación a la Santidad de la Iglesia” especialmente en los números 39.41, que describiendo nuestra condición nueva en Cristo Mediante el bautismo, concluye: “en consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. El apóstol les amonesta a vivir como conviene a los santos. (Ef. 5,3) ” (18). Así se manifiesta la voluntad de Dios que nos quiere santos en Cristo, por diversos caminos y vocaciones, bajo la guía del Espíritu Santo. Viviendo y sirviendo por amor a nuestros hermanos en la iglesia y desde la Iglesia: “En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol; porque esta es la voluntad de Dios vuestra santificación” (Cfr. 1 Tes. 4,3; Cfr. Ef. 1,4). “Esta santidad de la Iglesia se manifiesta en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles”. (19)

LA IGLESIA EVANGELIZADORA, MISIONERA Y SU VOCACION AL MARTIRIO.

La vocación de la iglesia es evangelizar y misionar, esta es su vocación. Ella se aplica las palabras de San Pablo “¡Hay de mí si no evangelizara!” (Cfr. 1 Cor. 9,16). Y con esta conciencia en nombre de Cristo que la envío a todos los pueblos a bautizar, enseñar y guardar lo que habían visto y oído, se lanza con la fortaleza del Espíritu a cumplir con esta misión, a través de los tiempos y confines de la tierra hasta el fin del mundo. (Cfr. Mt. 28, 18-20; Hech. 1,8). ¿Qué es Evangelizar? Evangelizar es anunciar el designio salvador de Dios Trinidad que busca al hombre para salvarlo. (20). Es proclamar la verdad sobre Dios, sobre Cristo camino, verdad y vida que lleva a la felicidad. (21). Sobre la Iglesia y sobre el hombre, su ministerio, su dignidad, y su vocación. Es anunciar el misterio del Dios vivo y por tanto el misterio de la vida. Anunciar este misterio trinitario de un Dios salvador, será siempre riesgo de martirio. Porque no se trata de una teoría amorfa, sino de un compromiso para el hombre de hoy, por su salvación y que exige hacer de la vida una donación. Es la moral cristiana que hay que proclamar acerca de la vida, de la familia, de la dignidad humana a nivel individual y comunitario. Y su manera de actuar conforme a la dignidad de bautizados y como imagen de Dios. Estamos ante u mundo que en sus sombras quiere vivir sin Dios, en un “Extraño olvido de Dios. Parece que todo puede funcionar del mismo modo sin ÉL pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración de todo y de todos”. (22). Un mundo en donde se escoge aquello que place… pero la religión buscada a la “medida de cada uno” “a la postre no nos ayuda, es cómoda pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte.”. (23). Por tanto la moral de la Iglesia es como decía Santo Tomás “ordenar la vida según el amor”. Y la Iglesia buscando el ordenamiento de la vida, anuncia la cultura de la vida y este servicio producirá sin duda una persecución permanente por parte de la falsa cultura de la muerte, infiltrada en todo corazón donde el mensaje evangélico no ha penetrado o no se ha asimilado y donde Cristo Eucaristía no es el verdadero centro y raíz de la vida cristiana. Compromiso Bautismal Todo bautizado por su condición bautismal, por su inserción en el misterio pascual de Cristo y su condición de profeta, sacerdote y rey, esta enfocado a evangelizar y misionar, proclamando la buena nueva del Reino y este siempre lo pondrá en riesgo de sufrir o donar la vida por Cristo. Los seguidores entusiastas de sistemas sociales, políticos, religiosos y de sistemas económicos globalizantes injustos, que no tienen en cuenta la marginación de las masas sumiéndolas en la pobreza, pueden llegar a pensar que Cristo, esta moral y esta fe que se anuncia y se vive, les estorba y desborda sus seguridades “legitimas” y pasar de este prejuicio a la persecución y al martirio, derramando sangre de manera violenta. Pero la Iglesia tiene que continuar su misión a través de sus agentes de pastoral, no olvidando la exhortación del Señor, “Animo yo he vencido al mundo ” tampoco olvidemos que la Iglesia ha nacido de la predicación de Cristo y su misterio pascual por el que ha entregado su vida, pero sigue naciendo especialmente por la muerte de sus mártires. Recordemos que el máximo momento evangelizador es mediante la muerte y resurrección del Señor, camino al que han sido llamaos de manera especial los mártires. El martirio forma parte integral de la vida de las Iglesias. “Las persecuciones no faltaran nunca en la Iglesia” (24) Es un fuerte llamado a recorrer el camino de las bienaventuranzas: “Bienaventurados seréis cuando os injurien o persigan por causa mía, alegraos y regocijaos, porque su recompensa será grande en los cielos” (Mt. 5, 11-12) de esta manera se prolonga la vida de Cristo en la Iglesia.

LA IGLESIA MISIONERA Y EL MARTIRIO

Dentro de la evangelización hay un aspecto misionero esencial para llevar el primer anuncio de la salvación a todos los hombres de las diversas culturas y lugares del mundo donde Cristo y su misterio salvifíco no es conocido. Nuestro querido Padre el Papa Juan Pablo II en su mensaje enviado a la Iglesia con el motivo de la jornada mundial de las misiones, fechado el 22 de febrero del 2005, antes de su muerte. Y refiriéndose a Cristo, misionero del Padre escribe: “En su nombre, los agentes pastorales y los misioneros recorren caminos no exploraros para llevar e todos el “Pan” de la salvación. Les anima la conciencia de que unidos a Cristo “no solo centro de la historia de la Iglesia, sino también de la historia de la humanidad. (Cfr. Ef. 1,10; Col. 1,15-20) (Mane Nobiscum Domine, 6), es posible satisfacer los anhelos mas íntimos del corazón humano. Jesús solo puede apagar el hambre de amor y la sed de justicia de los hombres; sólo ËL hace posible a cada persona la participación en la vida eterna: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre” (Jn. 6,51). (25) El Papa enmarca la obra misionera derivada de la Eucaristía, para ser “Pan partido” “para todos” (Mt. 26, 28), si en la Eucaristía se recibe a Cristo, “No se le puede tener sólo para sí mismo este “Don”. Al contrario, es necesario difundirlo. El amor apasionado por Cristo conduce al anuncio valiente de Cristo; anuncio que, con el martirio, se convierte en ofrenda suprema de amor a Dios y a los hermanos”. (26) El itinerario histórico de la Iglesia Misionera y evangelizadora, estará siempre adornado de flores rojas de martirio que pueden ser de sangre derramada o vida donada por amor. El rostro del Buen Pastor se transparenta a través de vidas gastadas en amarle y hacerle amar por el anuncio misionero y Cristo prolonga en esta obra misionera martirial si misma realidad oblativa amando y perdonando (Cfr. Col. 1,24). Cuando un cristiano alcanza por su vocación misionera, el “Don del martirio concedidos a pocos, sin embargo todos deben estar prestos a confesar a Cristo delante de los hombres, y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan en la Iglesia” (27), convirtiéndose en palabra anunciada y testigo por excelencia. Por el martirio se participa del misterio pascual de Cristo (Cfr. Jn 12,24.31). se vive y se muere por él y con él (Rom. 14,8). El hecho constante de martirio, pone de relieve que “La misión ( )… tiene su punto de llegada al pie de la cruz”. (28)

VOCACION A LA SANTIDA POR MEDIO DEL MARTIRIO.

El termino mártir-testigo, se aplica en primer lugar a todo aquel que atestigua ante un tribunal para juzgar a un apersona. En el Antiguo Testamento teológicamente hablando se refiere al testigo de Dios, que eran todos los profetas. En el Nuevo Testamento se aplica el termino mártir-testigo, a todos aquellos que van por el mundo predicando la verdad sobre la muerte y resurrección de Cristo. De manera singular se les aplica a los Apóstoles, testigos, cualificados, privilegiados de Dios, que han atestiguado no sólo con sus palabras, sino también con el ejemplo de su vida y hasta con sus sufrimientos y la muerte. Por eso el termino mártir es el titulo máximo que puede alcanzar un cristiano que muere por la fe o por odio a la fe. El confesor de la fe por excelencia es el que derrama su sangre y sacrifica su vida por Cristo, violentamente. Así fueron los mártires de San Joaquín.  Pues ellos tuvieron una oportunidad privilegiada de atestiguar su fe en los interrogatorios que ordinariamente precedían a la condena a muerte  El mártir es testigo de Cristo no sólo con su confesión de fe, sino también con su vida y con su muerte, imitando así la obra y la muerte salvífica del Redentor. Es por tanto un testigo por excelencia.  El testimonio de los mártires no es solo una manifestación humana, sino un testimonio del mismo Espíritu Santo y, por tanto, un don sumamente precioso (Cfr. Mt. 10, 19-20).  Psicológicamente hablando, el testimonio del mártir adquiere una eficacia particular debido a que la profesión oral queda confirmada con la vida y sobre todo con la muerte. A partir de la mitad del siglo II el termino “MARTYS” posee ya frecuentemente el significado actual de mártir, que pronto pasara a ser único (29) Cristo, mártir por excelencia, vino a morir por amor al Padre y a los hombres. El fue condenado a muerte (Jn. 19,7s), y crucificado (Jn. 19,18), de este modo consumó el sacrificio del Amor (Jn. 19,30), a fin de que tuviéramos la vida (Jn. 10,10). Cristo mismo hizo esta afirmación; “El que quiera seguirme que me siga, y donde este yo, también estará mi servidor”(Jn. 12,26). El mártir es el discípulo del Señor por excelencia porque se une a su Señor par la misma finalidad: la Salvación redentora. Tenemos un ejemplo en los Hechos de los Apóstoles 22,20, donde se habla de la sangre de Esteban su Testigo.

LA EUCARISTIA Y EL MARTIRIO

El evangelio de San Juan con una expresión que asombra nos refiere el hecho de la encarnación: “Y la palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria” (Jn. 1,14). En el contesto del año eucarístico recibimos la Beatificación de nuestros Mártires como un regalo de Dios. La Encarnación del Verbo es el punto de partida para una vida entregada. Toda la vida de Cristo es una continua entrega, desde su infancia empieza el sufrimiento, hasta su culminación plena en la última cena y en la cruz. “ÉL es la victima que el Padre nos regala para ser inmolada; victima que se entrega para purificarnos y reconciliarnos con él. Esta entrega en sacrificio esta presente en las palabras de la institución “Cuerpo que se entrega” y “Sangre que se derrama”” (Cfr. Lc. 22,19-20); CEC 1365… el sacrificio de Cristo es también el sacrificio de los miembros de su cuerpo, de manera que “la vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo” (CEC 1368). Cristo palabra encarnada, se convierte en camino para todos aquellos que se han asimilado a él, en la entrega de su vida hasta la muerte. Los mártires han tenido esa fortaleza del Espíritu que les ha llevado a identificarse con Cristo y por la gracia de Dios han soportado todos sus sufrimientos que los lleva también como Cristo a entregar su vida, a ser como él “Pan partido” para la vida del mundo. Ya desde tiempos antiguos, en el ejemplo de San Policarpo y San Ignacio de Antioquia había esa conciencia de ser autentico discípulo de Cristo rogando a sus fieles no oponerse a su martirio. “Permitidme ser pasto de las fieras, por lo que me es dado alcanzar a Dios, trigo soy de Dios y por los dientes de las fieras he de ser molido, al fin de ser presentado como limpio pan de Cristo”… “Cuando el mundo no vea ya ni mi cuerpo, entonces seré verdadero discípulo de Jesucristo”. (Rom. 4,1-3). “Permitirme ser imitador de la pasion de mi Dios” (Rom. 4,3). Esta es la conciencia de los mártires, una muerte eucaristica con la esperanza de resucitar como Cristo, y entrar para siempre en la vida eterna. “¡Bello es que el sol de mi vida, saliendo del mundo, trasponga en Dios, a fin de que en él yo amanezca! ” (Rom. 2,2) De esta manera el martirio participa de la eficacia del misterio pascual de Cristo (Jn. 12,24.31). Se vive y se muere con él y por él, como el grano de trigo para producir mucho fruto (Cfr. Jn 12, 24)

NOTAS(16).-Dv. 2,1(17).-Cfr. Lg 50,2(18).-Ibid; 40,1(19).-Ibid; 39,1 (20).-TMA. 6,1 (21).-Cfr. La Nueva Evangelización. Conferencia del Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para La Doctrina de la Fe, 10 de diciembre 2000. pag. 1 (22).-Benedicto XVI; Homilía de Clausura, de la XX jornada mundial juvenil, semanario Gaudium, semana del 25 al 31 de agosto del 2005 pag. 1 (23).-Ibid; pag. 1(24).-Cfr. Lg. 42,2 (25).-Juan Pablo II; Mensaje para el día Mundial de las Misiones, 22 de febrero 2005, nº 2 (26).-Ibid; 3(27).-Lg. 42,2(28).-RM. 88,2 (29).-Cfr. S`spinzanti; voz Mártir. En diccionario de espiritualidad, Ed. Paulinas pag. 870. (30).-NMI. 9; Is. 21,11-12 (31).-La Eucaristía, Luz y vida del Nuevo Milenio, texto base XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, Guadalajara, Méx. 10-17 Octubre de 2004. pag. 22 (32).-Cfr. Mons. Eduardo Pironio; Escritos Pastorales (Biblioteca Autores Cristianos) B,A.C Madrid 1975 pag. 182 (33).-Lg. 50,1